Os presento a Kenzou, Hirou y Taro, mis niños

Mi vida sin “mis niños” no sería lo mismo, por eso les dedico esta entrada

Tanto mi marido como yo siempre tuvimos mascota cuando vivíamos con nuestros padres y a ambos nos encantan los animales, perros, gatos, peces…

Al independizarnos y comenzar nuestra vida juntos bajo el mismo techo, empezamos a echar de menos lo que era que un animalito te recibiera al llegar a casa, y solo un par de meses después decidimos acoger a Kenzou, un gatito blanco y negro con una manchita monísima en el mentón que parece una perilla. Era el verano del 2012.

Mi pareja nunca había sido de gatos, pero tras conocer a Luis, un gato que vive con mis padres desde el año 2000, cambió de opinión, y es que cuando se conoce a este tipo de animal, tan curioso, tan bonito y tan diferente es difícil no enamorarse de ellos.

Un año después, por cosas del destino, fuimos a un centro comercial a comprar un aire acondicionado portátil, y al salir pasamos por una tienda de animales a mirar cosas para Kenzou, y de repente conocimos a Hirou…

El chico de la tienda nos contó que Hirou y sus hermanos habían sido encontrados hacía una semana tirados en una caja en un aparcamiento (no entiendo cómo puede haber gente capaz de hacer algo así). Era muy muy pequeñito, tenía poco más de un mes de vida, y de todos los hermanos él era el único que todavía no había sido adoptado. Cuando le vi pensé “qué locura, tener dos gatos”, así que quise limitarme a cogerlo y acariciarlo, porque me enternecía muchísimo, y en cuanto lo hice no le pude volver a soltar. Fue amor a primera vista, así que como el aire acondicionado, nos lo llevamos a casa. Era el verano del 2013.

Teníamos la suerte de que Kenzou estaba acostumbrado a convivir con perros y gatos en su primer hogar, así que le recibió sorprendentemente bien, y pronto se hicieron amigos.

A pesar de tener dos gatos, Pablo siempre tuvo la espinita de tener un perro y pensábamos “cuando tengamos hijos y tengan un par de años, tendremos uno”. Pero el pasado año, el 2015, la idea de tener un perro en casa se fue haciendo más fuerte y entre los planes de boda (nos casamos en septiembre de 2015) empecé a ojear anuncios en internet de gente que había tenido o iba a tener una camada y buscaban casa para sus cachorros.

Así es como llegó Taro a nuestras vidas. Un husky que nació el 27 de julio de 2015.

La aventura de meterle en casa en un principio nos asustaba, porque temíamos que los gatos no se lo tomaran demasiado bien, pero como tanto Kenzou como Hirou son tan tan buenos, le recibieron fenomenal.

De ese modo, pasamos de ser solo dos a ser familia numerosa y no podríamos ser más felices.

Visto desde fuera comprendo que pueda resultar una locura, algo excesivo, pero no nos arrepentimos ni un solo día de tenerles, lo son todo para nosotros.  Cada uno con su personalidad nos conquista: Kenzou es un buenazo, tranquilo, dormilón y comilón, y un algodón andante al que no podemos parar de achuchar; Hirou es inquieto, juguetón, mimoso, y es tan chiquitito que inspira muchísima ternura; y Taro es un terremoto, listo, torpón (porque sigue siendo solo un cachorro), y muy cariñoso y bueno.

Ains… ¡qué haríamos sin ellos!

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